Conviene dejar por escrito qué significa cada paso y qué no. Estas precisiones evitan malentendidos cuando se habla de un piano heredado, de una reparación pendiente o de un instrumento que lleva años sin tocarse.
Revisión no es presupuesto cerrado
La inspección visual y táctil describe el estado del mecanismo, los martillos, las cuerdas, el clavijero y la tabla armónica. Es un diagnóstico, no un compromiso de trabajo. El alcance real se acuerda después, cuando ya se conocen las condiciones del instrumento.
Afinar no es restaurar
Una afinación corrige la altura y la relación entre notas. No repara piezas gastadas ni devuelve estabilidad a un clavijero flojo. Cuando el instrumento no sostiene la afinación, primero se revisa la causa y recién después se decide qué hacer.
Restauración parcial, no integral
Hablamos de restauración parcial cuando se interviene solo una parte: un sector del mecanismo, un grupo de cuerdas, el sistema de pedales. Conservar lo que funciona suele tener más sentido que reemplazar todo por defecto, sobre todo en instrumentos con valor histórico.
Sin plazos ni resultados prometidos
No fijamos tiempos de entrega ni anticipamos cómo va a sonar el piano al final. El ritmo depende del estado de cada pieza, de la disponibilidad de repuestos y de las decisiones que se tomen en el camino. Lo que sí garantizamos es dejar registro de todo lo hecho.
Documentación como parte del trabajo
Cada etapa se anota y se fotografía. Esas notas sirven para el propio taller y también para quien cuida el piano: permiten saber qué se tocó, qué se dejó intacto y qué conviene observar con el tiempo.
El alcance se acuerda antes de intervenir
Ninguna pieza se desarma sin que la persona responsable del piano sepa qué se va a hacer y por qué. Si durante el trabajo aparece algo no previsto, se detiene y se consulta antes de seguir.